Coronavirus: ambiente y Derechos Humanos

23 de abril, 2020

Desde la Revolución Industrial el ser humano está en permanente conflicto con la naturaleza, hoy el calentamiento global con el uso indiscriminado de los hidrocarburos y la producción industrial puede convertirse en un Apocalipsis por la contaminación de los gases efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono y las alteraciones del clima.

El coronavirus, desde que se anunció la primera muerte en China de esta pandemia el pasado mes de enero, ha sido una alerta y una advertencia de carácter universal magnificada con las nuevas técnicas de la comunicación y la información. El contagio exponencial, producto de los intercambios de personas, bienes y servicios en esta hora de la globalidad ha transformado la pandemia en tragedia, afortunadamente con respuestas solidarias aunque con el reconocimiento de la falta de previsión y el abandono del imperativo de la salud frente a las exigencias de la economía. Ya sea que el virus como se ha mayoritariamente difundido sea producto del comercio ilegal de especies y del consumo indiscriminado de animales salvajes y se haya transmitido de animal a ser humano o generado por el diabólico juego de la política y la guerra entre las potencias con sus programas de armas de destrucción masiva, nucleares, químicas y bacteriológicas, o por negligencia e imprudencia en laboratorios de biotecnología. Es por lo que países responsables en Occidente como Alemania y en Asia como Japón y Corea, han solicitado la creación de una comisión de encuestas de carácter científico e internacional, para buscar el origen del patógeno, el manejo inicial y la dinámica que el gobierno chino le imprimió a esta pandemia. Esto más allá de la dialéctica de confrontación entre Washington y Pekín. El Derecho Internacional ha establecido el principio de la responsabilidad de los Estados cuando por negligencia, imprudencia, dolo o intencionalmente, el cual debe ser sancionado y proceder con las necesarias sanciones e indemnizaciones.

La ONU ha universalizado el termino Apartheid Climático, el cual nos recuerda que quienes menos contaminan y dañan al ambiente natural o social son quienes más sufren las consecuencias en situaciones de accidentes naturales o tecnológicos. Con el Covid-19 los países del tercer mundo sufrirán las más consecuencias de esta pandemia. El virus no ha discriminado, hasta que no se encuentre la vacuna, seguirá contagiando a todos, pero la atención médica y la recuperación será más difícil para quienes están marginados de la riqueza, el trabajo, la educación y especialmente la salud.

Ha sido un tsunami con tres efectos que perduran; en lo sanitario, en lo económico y en lo político. Las respuestas han sido múltiples en función de los grados de desarrollo de los Estados, del modelo ideológico, del espíritu de cooperación, de las alianzas internacionales y de las características individuales de sus líderes. El filósofo alemán Harmut Rosa nos habla de un frenazo gigantesco que ha detenido las ruedas de la sociedad, es un stop colectivo a 200 años de desarrollo desenfrenado, donde tanto el capitalismo como el comunismo han destruido la naturaleza para enriquecer a unos cuantos o para concentrar el poder en manos del Estado. Se equivoca el filósofo neo marxista Slavot Zizek al decir que éste virus acabará con el capitalismo, tomando el modelo chino en su combate contra el Covid-19. Le responden desde horizontes diferentes los filósofos políticos más leídos en los últimos tiempos; el surcoreano Byung-Chul Hang aceptando la disciplina y el orden en los países asiáticos frente a la pandemia por la ideología confuciana, pero diferenciando el éxito con métodos autoritarios y la amenaza de castigo propio de Pekín a diferencia del manejo democrático y el respeto a los Derechos Humanos del liberalismo coreano, japonés, también de Hong Kong y Singapur, incluye la diferencia de la vigilancia electrónica y la Big Data necesaria pero peligrosa cuando esta crisis puede fortalecer más a gobiernos dictatoriales. Comparte este criterio el Israelí Yuval Harari con la advertencia de que una de las lecciones del siglo XXI es el necesario cambio hacia una sociedad más solidaria y orientada al bien común.

En Italia con el drama que se está viviendo y que nos recuerda las páginas de Boccacio en el Decameron durante la peste negra (1348–1350) en Florencia e igualmente los acontecimientos de Orán en Argelia, descritos por Albert Camus en 1947, dos filósofos del derecho advierten también sobre el nuevo orden que debe surgir después de esta pandemia. El profesor Luigi Ferrajioli constatando las dificultades de la actual sociedad internacional para responder al coronavirus plantea un urgente Constitucionalismo Planetario dentro de la causa común de la humanidad y la salvaguarda de las garantías de sus derechos como especie. Mientras que su colega Giorgio Agamben insiste en el imperativo de la democracia más allá de los sistemas ideológicos, pero con la preocupación de que en tiempos de pandemia los estados de excepción y de emergencia pueden ser usados para coartar libertades fundamentales y centralizar todo el poder en manos del Estado, la misma preocupación que plantearon sus maestros Walter Benjamín y Michelle Focault.

@Jcpineda01
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