Contrastes y disolventes

21 de junio, 2021

Por: Mercedes Malavé

Una cosa son los contrastes necesarios en cualquier pintura y otra muy distinta los disolventes. Si a una paleta de colores se le añade un chorro de disolvente, simplemente se acaban los contrastes, dejando una paleta monocromática de mal gusto, imposible de definir.

La política venezolana se parece mucho a esa paleta dañada por algún disolvente. No se sabe quién es quién, cuesta definir las posiciones ideológicas a partir de actos y mensajes, coherentes y bien fundamentados, de algún actor político.

Nos hemos ido acostumbrando a las inconsistencias en el discurso sin acciones concomitantes: demócratas que llaman a la abstención o apoyan perfiles autoritarios en otros países; gobierno revolucionario de izquierda que fomenta con su modelo económico la más escandalosa desigualdad social mediante un modelo de liberalizaciones arbitrarias sin instituciones ni políticas sociales de calidad.

En un sistema democrático los contrastes son necesarios. Equilibrio, balance de poderes, representatividad de los distintos sectores de la sociedad, solo son posibles si existe una gama de actores con propósitos contrastantes.

El arte de la política consiste precisamente en eso: saber lidiar con las diferencias, buscar armonizar intereses encontrados, contribuir a que el cauce de la resolución de conflictos sean la civilidad y la racionalidad, nunca la guerra. En pocas palabras, para unir a Venezuela hacen falta la izquierda y la derecha, el norte y el sur.

Los principales disolventes de la democracia en Venezuela, en particular, y en América Latina en general, los dejó claramente plasmados el Dr. Fernando Mires en su trabajo La lucha por la democracia en América Latina: «Según el informe del BID, el panorama político en América Latina se caracteriza por la existencia de «partidos políticos débiles, apatía respecto a la democracia, un sistema judicial débil, bajos niveles de interés político y bloqueo entre los poderes Legislativo y Ejecutivo». A su vez, para el IIEE, «con notables excepciones, la democracia en la mayor parte de los países de América Latina no ha respondido. Por el contrario, se ha visto asociada con la corrupción, la delincuencia y la violencia». Del mismo modo, para el IIEE existe una paradoja política: «Los mismos ciudadanos que hace 10 años derrocaron a los gobiernos militares y protagonizaron marchas, elecciones o plebiscitos, están desengañados por la corruptela y la inestabilidad social y económica». Más desalentadora fue la constatación del BID: solo 35% de los latinoamericanos, frente a 47% de los europeos, está satisfecho con la democracia”.

Nuestra situación, cual paleta de colores disuelta, es ese populismo voraz que carcome las instituciones y extingue, con su discurso manipulador, las diferencias y contrastes políticos: «En gran parte de los países latinoamericanos no se da una verdadera confrontación política entre derecha e izquierda. Es esta ausencia de confrontación política la que impide que las iniciativas ciudadanas puedan hacer su entrada en la escena política, permaneciendo cobijadas en nichos que rara vez alcanzan a la entidad estatal. La ausencia de confrontación política entre derecha e izquierda tiene que ver, a su vez, con la constitución antipolítica, tanto de la derecha como de la izquierda, de América Latina» (Mires).

Quizás la tarea no sea recuperar las fórmulas del debate izquierda y derecha, pero sí tener un mínimo de razones, conocimiento y formación para saber dónde estamos parados, a quiénes representamos, por qué estamos en política, qué defendemos y qué ideas o ideales son los que nos mueven. Pero si lo que prevalece es la pugna de intereses personales y familiares como quienes se disputaban unos territorios, allá por el medioevo, entonces no valdría la pena involucrarse exageradamente en esas agendas…no vaya a ser que la consecuencia de seguir ansias insaciables y desmedidas de poder (las hay en el chavismo y en la oposición) sea el hartazgo.

@mercedesmalave

 

Tal cual

 

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