Cómo les ha ido con el dólar a Ecuador, Panamá y El Salvador, las 3 economías dolarizadas de América Latina

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  • 20 octubre, 2020
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BBC News Mundo

 

Los tres países latinoamericanos oficialmente dolarizados, Ecuador, El Salvador y Panamá, tomaron esa ruta en contextos muy diferentes.

Aunque muchas veces se ha presentado la dolarización como la fórmula mágica para poner fin a todos los males de una economía en crisis, lo cierto es que los economistas reconocen que tiene ventajas y desventajas.

Y que no es la “gran receta” para salvar a todos los países en crisis.

“Con dolarización puedes tener un crecimiento mediocre o un crecimiento fenomenal, porque la dolarización no es el único factor que lo determina. No es una panacea”, le dice a BBC Mundo Gabriela Calderón, economista asociada del Instituto Cato, en Washington D.C.

En aquellos países donde la moneda local se ha devaluado y la inflación ha subido a niveles difíciles de controlar, la adopción del dólar suena a estabilidad, principalmente porque es la divisa de referencia internacional y el refugio de los inversores cuando llega una crisis.

Pero en el largo plazo puede tener efectos negativos, como explica en diálogo con BBC Mundo el economista Pablo Dávalos, director del centro de estudios Foro de Economía Alternativa y Heterodoxa de Ecuador y profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar.

“La dolarización ha provocado estabilidad monetaria, pero con un costo social gigantesco”.

Aunque son tres las economías dolarizadas de manera oficial, países como Venezuela y Argentina han transitado por un proceso que se conoce como “dolarización espontánea”, donde el billete verde es, en la práctica, mucho más confiable y apreciado por la población que la moneda local.

¿Cuándo se dolarizaron?

Panamá adoptó el dólar como moneda oficial junto al balboa, su moneda nacional, en 1904, poco después de constituirse como Estado independiente y bajo la

influencia directa de Estados Unidos que, en aquel entonces, asumió el control del Canal de Panamá.

Aunque en la actualidad aún existe el balboa (equivalente a un dólar), no se imprime en formato de billetes y su utilización es muy restringida.

Casi un siglo después, en Ecuador la economía atravesaba una crisis tan profunda que la dolarización fue concebida como la última carta para salvar a un país que estaba a la deriva, con una hiperinflación que llegó al 96% y una moneda nacional, el sucre, completamente devaluada.

Así fue como el 9 de enero de 2000 el presidente Jamil Mahuad dolarizó la economía ecuatoriana, en medio de un clima de polarización política que provocó la salida del gobierno.

Al siguiente año, el presidente de El Salvador, Francisco Flores, anunció que el país utilizaría dos monedas: el colón y el dólar.

Pero apenas los colones dejaron de circular, el dólar se transformó en la única moneda del país.

A diferencia de Ecuador, que cambió su moneda porque estaba en medio de un shock económico, la dolarización salvadoreña respondió más bien a un asunto de intereses económicos, puesto que era una condición imprescindible para aprobar el Tratado de Libre Comercio con EE.UU., que eliminaba los aranceles aduaneros para ambas partes.

Ventajas

Una de las ventajas más citadas por los economistas es que la dolarización le ha permitido a los tres países, especialmente a Ecuador y El Salvador, evitar el riesgo de una devaluación profunda y repentina, un fantasma que por décadas ha perseguido a las economías de la región.

“La dolarización provocó un efecto de estabilidad de precios y redujo los costos de las transacciones internacionales”, explica Dávalos.

Al principio la medida generó resistencia. En el caso de Ecuador, generó una ola de protestas y profundizó aún más la crisis política que había en el país.

Pero con el paso de los años se transformó en una decisión muy popular que hasta el día de hoy cuenta con la aprobación mayoritaria de la población, incluso a pesar de que la economía está en serios problemas.

Los más críticos suelen poner a Ecuador como un ejemplo del fracaso de la dolarización, pero la economista Gabriela Calderón, asegura que la causa de la crisis es un déficit fiscal cercano a los US$8.000 millones, que nada tiene que ver con el tipo de moneda que utiliza el país.

“A pesar de tener una de las contracciones económicas más grandes de la región, no tenemos inflación, ni corridas bancarias, ni fuga de capitales”, apunta, agregando que el sistema financiero está en una situación relativamente estable pese a la crisis.

El riesgo de tener moneda propia es que, en aquellos países donde las instituciones son débiles y no está clara la separación de poderes, explica, los gobiernos terminan presionando a los bancos centrales para que impriman más billetes y eso hunde a la moneda local.

“Si Ecuador no hubiera dolarizado estaría más mal”, asegura Calderón, porque el dólar ha sido un ancla que evita la inflación y protege los ahorros de las personas.

Desventajas

Un ancla que si bien controló la inflación y generó estabilidad de precios, provocó una serie de efectos negativos, sostiene Pablo Dávalos, tanto en Ecuador como en El Salvador.

La dolarización, dice, distorsionó los sistemas de precios internos, haciendo que los países se volvieran más caros para su propia gente.

Al ocurrir este fenómeno, algunos bienes de consumo se volvieron inaccesibles para la mayor parte de la sociedad y la desigualdad, que era un problema estructural de ambos países, terminó consolidándose.

Desde otra perspectiva, uno de los efectos más negativos que tuvo la dolarización fue la destrucción de la industria local y -por lo tanto- la generación de empleo.

“Los países dolarizados se convirtieron en economías importadoras de productos”, explica, básicamente porque se desindustrializaron.

Al analizar los tres países, el diagnóstico de Dávalos es bastante duro.

Ecuador vive de la exportación de materias primas, explica, principalmente petróleo, mientras que El Salvador vive de la exportación de su fuerza de trabajo.

“El principal producto de exportación de El Salvador son los migrantes”, apunta.

“El Salvador ha tenido que asumir un enorme costo social. Ha pagado la dolarización con el dolor de los migrantes”, señala el economista.

La dolarización contribuyó a que el país viva de las remesas que envían los salvadoreños desde el exterior, un problema que acentúa su dependencia de la mayor economía del mundo.

“Y Panamá se convirtió en un paraíso fiscal donde tienen sus cuentas los mafiosos del mundo”, afirma Dávalos.

Otro aspecto complejo de la dolarización es que los países tienen muy pocas herramientas para defenderse de los shock externos, porque no pueden ajustar el tipo de cambio para suavizar el impacto de los ciclos económicos.

 

Dolarización espontánea

Los casos más emblemáticos de dolarización informal o espontánea en la región son Argentina y Venezuela.

La última devaluación del peso en Argentina en 2002, dejó una profunda herida en el país que persiste hasta el día de hoy.

A los argentinos les preocupa el deterioro de su moneda que -en medio de las sucesivas crisis económicas que ha enfrentado el país- se devalúa cada vez que las cosas se complican.

En lo que va del año, la moneda local se devaluó un 20% en el mercado oficial y cerca de un 45% en el paralelo.

 

Esto se suma a las bruscas depreciaciones que ya había sufrido en 2018 y 2019, aumentando el temor de que la inflación se mantenga fuera de control.

Y en Venezuela, el gobierno de Nicolás Maduro ha tolerado la dolarización de manera informal. De hecho, cada vez hay más dólares en el país y menos bolívares.

Según un informe de la firma de análisis Ecoanalítica, el dólar ya ocupa más de un 53% del valor total de las transacciones que se realizan en Venezuela.

Tal como ha evolucionado la economía del país, el bolívar está tan devaluado que podría terminar con un valor más simbólico que real.

Aparte de ser una reforma económica, la dolarización también tiene un fuerte componente político, dicen los economistas consultados por BBC Mundo.

Por un lado limita el margen de maniobra del gobierno de turno al impedirle que recurra a la impresión de billetes para financiar el gasto fiscal y, por otro lado, lo hace depender de las decisiones que toma Estados Unidos en términos de política monetaria.

Si la dolarización fuese el antídoto contra las crisis, la mayor parte de los países de la región la habrían adoptado. Pero, como lo muestran los tres países dolarizados de la región, las causas y los efectos son muy diferentes en cada caso.

Y, por lo tanto, la receta que funciona en un país, no necesariamente tiene que funcionar en otro.

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