Como la guayabera

16 de mayo, 2021

Uno de los temas más trabajados por la filosofía es la relación del hombre y su entorno, es decir, cómo se relaciona el hombre con su realidad. Todos los hombres tenemos que adecuar el pensamiento a lo real e intentar modificarlo desde lo existente. Lo real es aquello de lo que existe en oposición a lo que es aparente, ficticio o, inclusive, meramente posible, pues no es lo mismo la realidad en acción que la realidad dada como potencia, como lo que “puede” ser. Hasta su concreción todo aquello que deseamos no deja de ser “…vapores de la fantasía; son ficciones que a veces dan a lo inaccesible una proximidad de lejanía”, como nos dice Andrés Eloy. La verdad es la realidad conocida y el hombre puede intentar darle la espalda, pero la verdad consustancial con la realidad es contumaz y siempre nos alcanza por mucho que nos propongamos ocultarla o desconocerla. Así lo dice el maestro Serrat: “…nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

A pesar de la brutalidad que significa para el pueblo de Venezuela – no para el gobierno – las sanciones económicas unilaterales impuestas con el propósito de sustituir sus autoridades, la realidad incontrovertible indica que en los otros países con sanciones similares no se ha modificado el régimen de gobierno. Del “Grupo de los 5” donde está Venezuela, además de Rusia, Corea del Norte, Cuba y China, en ningún caso se ha producido el cambio de régimen, sino que, por el contrario, aquellas autoridades a quienes las sanciones tienen por objetivo cambiar, se han consolidado en el poder.

Al desconocer esta realidad, esas sanciones, además del daño causado al pueblo venezolano, han tenido en materia geoestratégica un efecto contraproducente porque Venezuela no solo no ha vuelto al dispositivo geopolítico de la influencia de los Estados Unidos sino todo lo contrario: Venezuela se ha desmembrado de Occidente. El gobierno de Maduro está trabajando en conectar la economía nacional a las inversiones rusas, chinas, turcas e iraníes; y Occidente, perdió a Venezuela y así es poco lo que podría hacer para restaurar su economía o su democracia, de modo que tiene que afrontar esa realidad y virar, y todo indica que en ello está.

Otra realidad es que el alentamiento del poder “dual” en Venezuela como forma de derrocar al gobierno de Maduro no solo no ha funcionado, por el contrario, se ha disuelto en la nada. Los que han aupado esta fórmula estuvieron incitando a los venezolanos a una guerra fratricida pero la realidad es que Venezuela está en paz. Sus promotores desconocieron la realidad del país y de lo que quiere su gente y no cabe duda de que esto se debe en gran medida a la sujeción patriótica de nuestras Fuerzas Armadas y a su vocación de defender la soberanía del país. Los venezolanos no queremos matarnos

Para aquellos gobiernos que incitaron al cambio violento del gobierno venezolano hoy están ahogados en sus propias contradicciones. Para el gigante del Norte, bajo la administración Trump, el tema Venezuela era más electoral que de principios, pero no por la masa de votantes venezolanos en Estados Unidos que es un universo insignificante sino por el afianzamiento del discurso macartista del candidato republicano que además le produciría réditos electorales en el estado de la Florida. El presidente Trump logró el cometido: ganó Florida, pero perdió la presidencia. Por su parte el presidente Biden no solo guarda distancia a la espera de acontecimientos en desarrollo, sino que en febrero ya había aliviado sanciones relacionadas con los puertos venezolanos, además de otorgar amparo de protección temporal a muchos de nuestros compatriotas en reconocimiento de que la situación, es la que es.

En el caso de Chile y Colombia, que se alinearon con la estrategia dual, tenemos a Piñera que chocó de frente con su realidad y encaró una inestabilidad política, económica y social que lo lleva a una constituyente para refundar ese país y tenemos en la querida Colombia a Duque – quien se convirtió en adalid latinoamericano de la causa anti venezolana –donde el bumerán viene de vuelta: el mismo presidente que incitaba a las Fuerzas Armadas venezolanas para darle un golpe de estado a Maduro ahora tiene que sacar a las fuerzas armadas de su país para acallar a Colombia. Duque no pudo mantener más la ficción del “tema” Venezuela como método para evadir la realidad de su propio país que amenaza con atropellarlo; y al igual que en Chile, Colombia y su casta política no saldrán indemnes de este capítulo: Duque tendrá que empezar a gobernar para los colombianos y no contra “lo venezolano”.

Es el caso que luego de más de dos años de la estrategia de atacar la legitimidad del gobierno venezolano la realidad es que Nicolás Maduro ejerce el poder ejecutivo en Venezuela, tiene el control del territorio, tiene el control de las fuerzas armadas, el resto de los poderes públicos lo reconocen como la máxima autoridad del país, al igual que lo hace la OMS, el Consejo de DDHH y la ONU, así como las dos terceras partes de los países del mundo. Y es ese gobierno el que ejerce la defensa del territorio en Apure, comercializa los minerales del arco minero y a pesar de las sanciones logra mercadear en hidrocarburos alrededor de mil millones de dólares al mes; sin obviar que su partido con mayoría en la Asamblea Nacional nombró -en acuerdos con la oposición- al poder electoral; y es frente a esa realidad incontestable que la Unión Europea tiende puentes y EUA cautela sus reacciones.

Pero el caso más palmario de como la realidad “aplastó” a actores políticos nacionales y quienes fueron muy tenaces en desconocerla, es la reciente petición del Sr. Guaidó requiriendo negociar con el gobierno del presidente Maduro. Esa oposición extrema – que creó la ficción de un gobierno paralelo – cuando la realidad le otorgaba fortaleza para negociar o para ganar elecciones desechó la oportunidad y ahora, en un baño de realidad, pide negociar sin tener nada que ofrecer porque ni Guaidó puede hacer que levanten las sanciones, ni Machado puede traer fuerzas invasoras, ni López puede volver a incendiar el país desde la Plaza Altamira. Los rindió la realidad pura y dura y por eso quedaron “como la guayabera”.

Ojalá que esto sirva – de manera definitiva – para erradicar los discursos de odio y destrucción de las posiciones más extremista de la oposición como fórmula de cambiar la situación venezolana y que apelemos a la sindéresis y a la negociación basada en realidades como vía para aliviar la muy difícil situación del país y que eso nos conduzca a un cambio de gobierno a través de la elección de los venezolanos.

 

@rodolfogodoyp

 

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