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Colombia

18 de junio, 2022

Por: Román Ibarra

Pensando en Colombia, y en lo que ha sido el gobierno del Presidente Duque, me viene a la memoria una reflexión del influyente filósofo español, Fernando Savater, que en mi opinión calza a la perfección con lo muy equivocado que ha sido el mandatario saliente en cuanto a sus ejecutorias, y en cuanto al papel que decidió jugar interna e internacionalmente.

Dice Savater: ¨Vengarse del pasado es absurdo, lo que hay que intentar es corregir y mejorar el presente. Esas muestras de intolerancia, esa intención en demostrar que somos seres humanos mejores de lo que ha habido nunca, que nosotros hemos venido a regenerar lo que hicieron los humanos del pasado, son formas de fatuidad que, en el fondo, lo que indican es una mente más bien estrecha¨!

En efecto, el Presidente Duque llegó al poder con unos acuerdos de paz heredados del gobierno del Presidente Santos, que nos guste o no, ya eran un hecho, por cierto celebrados internacionalmente, como mecanismo de negociación.

Más allá de que a algunos les moleste que parte importante de los grupos guerrilleros se hayan acogido a los acuerdos, y gracias a ellos hayan llegado al congreso y a la vida política colombiana como cualquiera, no deja de ser una realidad, por lo que dedicar esfuerzos a dinamitar los acuerdos de paz ya firmados, ha sido un error grave.

Los otrora guerrilleros, reconvertidos en dirigentes sociales gracias a los acuerdos de paz, fueron perseguidos y asesinados en número importante, como un mecanismo equivocado y hostil de acabar con esos acuerdos. Ningún acuerdo ha de ser perfecto, pero siempre será preferible la paz con equilibrios precarios, que continuar una guerra de más de 60 años, que perjudica no solo a Colombia y su gente, sino a todos los vecinos.

Nadie que haya sido guerrillero, y se vea amenazado de muerte, y sea sistemáticamente perseguido, se sienta a esperar la muerte o la cárcel. Simplemente se repliega, y continúa con lo que ha sido su modus vivendi: la guerra!

Sin embargo, no solo es la guerra que ya de por sí es muy grave, sino que todos conocemos los vínculos de la guerrilla con el narcotráfico, del cual forman parte esencial, a veces como mecanismo de protección de rutas, y a veces como socios del negocio mismo, por lo cual, sacarlos del negocio llevándolos a la paz social y política, ya era una ganancia importante.

Colombia sigue siendo de lejos el país más productor y exportador de drogas en el mundo, y no hay indicadores serios que hablen del combate eficaz y exitoso para erradicar ese flagelo en el gobierno saliente, a pesar de la ayuda multimillonaria que siempre han tenido del gobierno de los Estados Unidos y Europa.

Hubiera sido mejor dedicar esfuerzos a profundizar y mejorar los acuerdos de paz, darle gobernabilidad a Colombia en lo político, y enfrentar con todo rigor a uno de los flagelos más deletéreos del mundo actual, como es el tráfico y consumo de drogas, desde la raíz; es decir, desde la producción.

En política internacional deja un mal sabor por haberse dedicado a ser un militante del antimadurismo promotor de crueldades que solo afectan a un pueblo desvalido y olvidado, primero por el pésimo gobierno de Maduro, y luego por las sanciones criminales que postergan cualquier realización y progreso.

Ahora Colombia se debate entre dos candidatos cuyas trayectorias no son precisamente halagüeñas; no obstante es nuestro deber desear éxito a nuestros vecinos, y estimular que quien gane, renueve relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela como han anunciado, para aliviar tensiones y miserias.

Ojalá que los colombianos, en medio de este dilema, escojan lo mejor, y entre todos alcancen un buen destino para un país sufrido que bien merece una buena oportunidad. ¡Que viva Colombia!

@romanibarra

 

 

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