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Cambio y vuelta al progreso

25 de junio, 2022

Por: Oscar Arnal

La evolución y progresividad de los derechos humanos ha sido una constante en el recorrido de la historia mundial. Sin embargo, a veces se producen retrocesos o accidentes históricos.

Allá en la zona del Levante, en Irak, cuna de la civilización occidental y donde se da inicio a la escritura cuneiforme, se produce luego un documento fundamental escrito en piedra. Se trata del “código de hammurabi”, donde se plantea no solo “el ojo por ojo, diente por diente” (ley del talión), que aunque nos parezca cruento hoy, significó ponerle coto a la espiral de violencia; sino que además estableció la protección a las viudas y a los huérfanos.

En este sentido el “Cilindro de Ciro”, también se convierte en un instrumento precursor y fundamental al liberar a los esclavos. En las leyes mosaicas y los Diez Mandamientos también encontramos normas que van apuntalando una humanidad que despierta en la defensa de principios y valores: no matarás, no robarás, no te acostarás con la mujer del prójimo, no cometerás actos impuros, honrarás a tu padre y a tu madre…

Al trasladarse el centro de la civilización a Grecia, se producen otros avances importantes, entre los cuales aparece el derecho de darle sepultura a los muertos.

Aristóteles habla de la separación entre cuerpo y alma y su trascendencia. Los griegos apuntalaron la figura de la democracia, y se establece que las leyes deben ser justas y los gobernantes virtuosos y filósofos. Hay que cuidar que la democracia no degenere en oclocracia y demagogia, la aristocracia en oligarquía y la autocracia en tiranía.

El estoicismo habla de cuatro virtudes fundamentales para alcanzar la perfección: templanza, justicia, valor y sabiduría o razón. Con el devenir del imperio romano se desarrolla, de manera impresionante, el derecho. Al aparecer el cristianismo se produce una revolución que tiene que ver con aquello de “amarás a tú prójimo como a ti mismo”, de responder al mal con el bien para desarticularlo.

Con la Edad Media los grandes pensadores, especialmente San Agustín primero, y después Santo Tomás, avanzan con “el derecho a la rebelión”, un orden injusto debe ser depuesto, siempre que se tenga certeza que lo que viene será mejor. Santo Tomás a las virtudes estoicas suma las teologales: fe, esperanza y caridad.

El renacimiento centra su visión en el hombre, pero significa un fortalecimiento del absolutismo monárquico. La iglesia católica asume un desproporcionado poder terrenal, por lo que se produce la reforma protestante, que explica qué hay que leer el evangelio de manera directa, sin reconocer a la institución eclesial romana, pero se ramifican en decenas y en las más importantes llamadas hoy las “siete hermanas gemelas”.

Volviendo al renacimiento aparecen textos tan cruentos como “El príncipe” de Maquiavelo que estima que “el fin justifica los medios” se trata del poder por el poder a costa de lo que sea, se habla en la obra de los crímenes perfectos. Hobbes en su libro “El Leviatán” señala que “el hombre es el lobo del hombre”, y que la única posibilidad de contener la anarquía es con un monarca fuerte o poder muy fuerte. Suavizando el absolutismo aparece Bousett con “La política sacada de las santas escrituras” y Jean Boddino con “Los siete libros de la República”, donde se establece que el monarca, al ser el representante de Dios en la tierra está obligado con el pueblo y con el creador a forjar un mundo mejor.

La ilustración representa un tiempo nuevo. Se hace necesario frenar los abusos del poder. Solo un poder con la misma fuerza puede frenar otro poder. Montesquieu brilla con la tesis de la independencia y separación de los poderes. Con el correr de los tiempos la soberanía o poder máximo, antes en la cabeza del rey, por ser el representante de Dios en la tierra (como en el imperio antiguo lo señalan los egipcios), se traslada ahora al pueblo. En plena revolución francesa el abate Sieyes expone que la soberanía está en la Constituyente (el tercer Estado), expresión de la nación.

Una década antes se ha producido la independencia de los EEUU, con una Constitución que establece que todos hemos sido creados libres e iguales. Las leyes por encima de las personas, rigen a gobernantes y gobernados. La independencia de las repúblicas hispanoamericanas son también una consecuencia del pensamiento ilustrado. Sin embargo, a partir de entonces hay una lucha entre la práctica basada en la fuerza o el derecho de la fuerza que se enfrenta a la fuerza del derecho. A la ilustración la reta el marxismo. Marx plantea una utopía irracional, que a pesar de que llega a dominar dos terceras partes de la humanidad (La URSS y China), sucumbe por su inviabilidad económica y las violaciones a los derechos humanos que se dan en “la dictadura del proletariado”, donde no existen libertades.

En nuestro país se vive en democracia solo a partir del año 1959 y hasta 1999. Democracia imperfecta, pero democracia, con alternancia y respeto al pluralismo político. Con Chávez comienza la tragedia y se va ahogando el estado de derecho. La reforma Constitucional que supone la reelección continua e indefinida, pone fin a la alternancia y con eso al rasgo capital de la democracia.

Es una involución a los derechos humanos, especialmente al tema de las libertades. El reto es unirnos en función del cambio. El único camino. El camino hacia la continuación del progreso…

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@OscarArnal

 

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