Cachicamo diciendole a…

18 de abril, 2021

En el año 2015 el medio impreso venezolano El Nacional, haciéndose eco de una noticia aparecida en el diario español ABC, publicó, sin identificar a sus fuentes, que el para entonces presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, era el cabecilla de un cartel de narcotraficantes constituido por miembros de las Fuerzas Armadas Venezolanas. También replicaron la noticia los medios Tal Cual y La Patilla.

El medio español hizo uso de las declaraciones del capitán Leasmy Salazar, quien habría fungido de jefe de seguridad del diputado Cabello, y de su supuesta colaboración con las autoridades judiciales de los Estados Unidos de América para armar el caso penal contra el jefe del parlamento venezolano. Todos recordaremos que para ese momento el testigo “estrella” ya había llegado a Norteamérica para declarar. Cómo reacción el diputado Cabello emprendió acciones legales contra los diarios El Nacional y ABC, así como contra el portal La Patilla y el semanario Tal Cual por la publicación de esa información, en su demanda incluyó también a los accionistas, directores, consejo editorial y a los dueños de las empresas que están detrás de estos medios de comunicación.

Aun cuando desde el 2018 el diario El Nacional ya había resultado perdidoso en la querella interpuesta, no fue sino hasta el pasado 16 de abril de 2021 que el Tribunal Supremo de Justicia venezolano dictó una sentencia, ordenando la indexación de la condenatoria pecuniaria para resarcir al diputado Cabello por el daño moral infligido por la noticia publicada, y con una suma que alcanza la bicoca de 14 millones de dólares.

El Nacional, por su parte, en una carta abierta alega que esta condenatoria obedece a una “persecución política y judicial”“con la aviesa intención de perpetrar una expropiación encubierta mediante la cual (Cabello) pasaría a ser propietario…”; recuerda “que en reiteradas ocasiones se le ofreció un derecho de réplica del cual no quiso hacer uso”; y alegan estar amparados pues (el medio) se limitó a reproducir una noticia conforme a la doctrina del reporte fiel que implícitamente está prevista en el artículo 57 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”, para terminar haciendo una serie de afirmaciones de carácter jurídico sobre la ilegalidad de la indexación de la referida sentencia. Varias de las aseveraciones de la Carta Abierta son muy llamativas, ya que el meollo de todo este asunto y la demanda en sí misma, son lo que podríamos definir como “un juicio a la verdad”.

El Nacional, al igual que los otros medios de comunicación, virtuales o físicos, tiene un grave compromiso con la verdad, ya que estos no pueden usarse como mampara para defenestrar al prójimo sin más cortapisas que el amparo constitucional a la libertad, llámese esta como se llame. Si bien El Nacional alega en su defensa el enunciado del artículo 57 de la Constitución venezolana que contempla la libertad de “pensamiento”, soslaya que el hacer uso de esa garantía constitucional conlleva, automáticamente, la plena responsabilidad por lo dicho. De igual modo, en propio interés, omite el artículo 58 que los abarca a ellos directamente como medio de comunicación y el compromiso que tienen con la información “oportuna, veraz e imparcial”.

Hay que insistir: El derecho a la libertad de expresión no es absoluto y por eso no es correcto escudarse en el ritualismo jurídico para desde esa trinchera maltratar el honor, la moral o la reputación de otro sujeto y salir indemne de las consecuencias; si bien es cierto que el afectado tiene el derecho y el deber de defenderse, este caso específico nos propone un difícil dilema, pues no tenemos claro sobre donde recaen los roles de víctima (la persona que sufre la violencia, a la que hay que proteger) y el de victimario (el responsable de ejercer la violencia, el que tiene que responder por ello).

El diputado Cabello, se ha convertido en un importante comunicador social desde 2014, a través del programa semanal Con el Mazo Dando, que logra mantener los niveles de audiencia más altos para un programa de televisión nacional. De igual modo funge como editor del portal homónimo. Es por esto que podemos afirmar si vacilación que, a Diosdado Cabello Rondón, le caben las mismas e idénticas consideraciones que hicimos acerca de El Nacional, porque tiene un compromiso grave con la verdad, y aun cuando el suyo es un programa de opinión y no de noticias, eso no lo exime de su responsabilidad por las opiniones emitidas en el espacio conducido por él. Si la Constitución y la legislación subsecuente abarcan a todos los medios de comunicación, esos principios sirven tanto para El Nacional como para Con el Mazo Dando.

El Sr. Cabello, semana tras semana -a menos que el COVID se lo impida- emite un programa por televisión abierta y en trasmisión “en directo” por plataformas virtuales, endonde analiza y diserta sobre los temas que son más relevantes para la realidad venezolana, cosa que no deja de ser importante, pues muchas veces las noticias emanadas del gobierno de Venezuela están sometidas a un cerco mediático que impide, a los que nos interesamos por la suerte del país,  hacernos una idea fiel de la realidad de los sucesos que se dan en la nación. El programa, por ser de contenido político, no pierde oportunidad para ensalzar los mensajes y los discursos del máximo líder y fundador del partido político  que hoy está en el gobierno (PSUV), pero es precisamente aquí donde salta a la vista el primer indicio de la víctima convertida en victimario; y es que si para El Nacional su imparcialidad debería verse implícita dando cabida a contra opiniones a su línea editorial y en sus artículos de opinión, con más razón el canal de “todos” los venezolanos, Venezolana de Televisión, debería tener la apertura para que algún personaje o periodista opositor al gobierno, semanalmente y por lo menos con una duración de tres horas (misma del programa de Cabello) pudiese hacer contrapeso a las opiniones y al discurso político del partido de gobierno. Pero eso no sucede.

En otro segmento del programa (no se pude referir como “negro” pues el programa es ininterrumpido por tres horas) Cabello da “cabida” a la opinión de otros actores políticos, pero siempre en tono de burla de lo que expresan a través de sus RRSS, y por medio de videos preparados por la producción del programa procurando ponerlos en ridículo y exponiéndolos al ludibrio. Y como si esto no fuese suficiente, no hay epíteto que el diputado Cabello escatime para sus adversarios, a quienes suele calificar de ladrones, dipsómanos, estafadores, asesinos, terroristas y otras lindezas sin aportar ninguna prueba de sus dichos y sin tener esos sujetos el derecho a defenderse o una réplica en su programa de televisión.

El diputado Cabello, no solo debería atenerse a lo que pide para él y entender que tiene una responsabilidad en doble sentido: primero en la vía de su compromiso con el respeto al honor del otro que exige y que demanda para sí mismo; y por otro lado que debe entender que, como un líder muy importante del partido de gobierno, le hace un flaco favor a la paz y a la reconciliación del país si utiliza su programa de televisión como parapeto para insultar y difamar a otros venezolanos que lo adversan, pues “la salsa que es buena para el pavo, es buena para la pava”.

 

@rodolfogodoyp

 

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa, única y exclusiva de su autor.

 

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