Avanzar hacia la transición

21 de junio, 2021

Por: Simón García

El ejemplo Venezuela hoy no es por su avance sino por su devastación. Lo que asombra, en este milagro al revés, es cómo millones de venezolanos han podido resistir un ciclo de destrucción tan severo durante tantos años.

La debacle no los ha doblegado. Los inspira luchar por la vida.

La sociedad acosada por la crisis y sin el músculo de la democracia, se retrajo instintivamente y convirtió su sobrevivencia en causa existencial.

Esta autodefensa fue el recurso disponible, una vez que fueron cayendo o debilitándose las instituciones, el sistema de comunicación y las organizaciones sociales. La declinación de los partidos, boqueando en una lucha ficticia por el poder, mostró un final para la vieja democracia.

El régimen queda en peor situación. Pero el gran impedimento para convertir la resistencia defensiva en activa es haber tenido una oposición que dejó de ser democrática porque adoptó estrategia y métodos guevaristas. Incendiar la pradera cerrando calles, apostar al golpe, soñar con la invasión que nunca zarpó o con una insurrección es una anacrónica y fracasada receta violentista.

Tampoco podemos ignorar el rechazo de la población a unos dirigentes que hacen política para reinar en la oposición. Se han labrado una falta de credibilidad que genera un vacío. Si nos seguimos negando a reconocerlo y analizarlo, jamás vamos a llenarlo.

Afortunadamente existen destellos, en algunos dirigentes opositores de distintos niveles, que aceptan que ya no basta con rencauchar al G4 o reducir la excelente iniciativa de las ideas de todos en instrucciones para pocos.

Hay que abrir puertas a una oposición que debe ser plural porque es diversa.

Nos espera el tiempo de una oposición abierta, definida y sin dueños.

Las limitaciones de la oposición están vinculadas a los acosos y castigos del despotismo gubernamental. Pero su extravió es obra de una triple crisis, similar a la que describe Vargas-Machuca para España: la de incompetencia, cuando no hacen lo que deben hacer; la de impotencia cuando no pueden hacer lo que desean y la de inobservancia cuando sabiendo qué y cómo hacer, se privan de hacerlo.

Nada ganamos y mucho perdemos, tratando la crítica a nuestra propia labor como un ataque o insistiendo en usar discursos rompe oposición, que provocan inevitablemente el enfrentamiento y la división que nos debilita. Es un estilo inconveniente, aunque sólo sea porque alegra a la acera contraria.

El entendimiento entre las distintas expresiones de la oposición es requisito de eficacia ante el riesgoso filo de navaja por el que se tiene que caminar para abrir con elecciones sucesivas una transición hacia la democracia.

 

@garciasim

 

El Reporte Global, no se hace responsable de las opiniones emitidas en el presente artículo, las mismas son responsabilidad directa, única y exclusiva de su autor.

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