Apuesto por la vida aunque termine derrotada

7 de julio, 2021

Por: Marina Ayala

Entre todas las pasiones que he tenido en la vida la que ha persistido con creciente interés es el deseo de entender al otro. Las constantes interrogaciones, quién es, qué pretende, qué quiere, cuáles son sus motivaciones, quedan siempre sin una respuesta definitiva. Siempre hay dudas y albergo la certeza de que llegar a una verdad en este terreno es imposible. Esta sensación de no saber nunca la verdad de los otros se acrecienta cuando me empeño en conocer sobre la maldad. Por más que busque no encuentro el verdadero origen del placer en dañar. Tengo coordenadas, conceptos que me orientan y algo me puedo explicar, pero a esa verdad última que habita en esas cabezas y torna a un ser humano en un monstruo, no tengo acceso. La búsqueda de la verdad que mueve el pensamiento humano, el deseo de saber, la filosofía y la ciencia. Tarea que nunca se detendrá porque no existe una realidad ultima a la que tengamos acceso.

La realidad se interpreta, nuestro mundo se explica en base a hipótesis y se expresa con el lenguaje. Usamos metáforas, metonimias, imágenes, palabras con connotaciones y referencias que deben ser entendida por otros. Porque hablamos para que otro nos interprete, debemos saber expresarnos con la intención de que el mensaje llegue. El lenguaje es vivo, está constantemente sujeto a cambios y existen organizaciones que cuidan de los idiomas. Somos muy celosos con nuestro lenguaje porque es la única herramienta con la que contamos para hacer vínculos y en ultima instancia sociedad y cultura. Esa necesidad de pertenecer, de tener arraigos, de parecerse a otros, de estar cercanos, es posible porque hablamos. Reconozco a mi gente por su forma de expresarse y así mismo reconozco a lo extraño por el vocabulario con el que se expresan.

Es parte del proyecto de dominación el cambiar nuestra manera de hablar. Esa serie de palabras que se están usando y nos son ajenas, no son utilizadas por moda o mala educación. Se utilizan para hacernos extraños, si las corriges en aras de la estética del sonido, enseguida eres catalogado, expulsado e insultado. Así tenemos varios grupos que podríamos identificar como repetidores de un léxico impuesto desde las esferas dominantes o de moda para estar “in”. Contribuyen también a destruir y no se trata de actos baladís, destruyen el idioma única herramienta con la que contamos para tener acceso al otro e interpretar nuestra realidad. Llegará un momento en que será imposible entendernos, si es que ya no llegó. Confieso que hay personas a las que me cuesta mucho entender.

Todo es objeto de interpretaciones, una mirada, un gesto, un sueño, una caída y un tropiezo. Interpretamos nuestra historia y valoramos los recuerdos es por ello que no hay dos historias iguales. Pero es un placer oír los cuentos que otros nos relatan y hacerse la imagen de las escenas recordadas. Siempre me ha gustado escuchar y me transporto a los tiempos y arquitecturas que me sitúan en el contexto. Pero también hay que tener arte para relatar. Hay personas que se detienen en detalles irrelevantes, en una verborrea interminable que te pueden hacer muy tediosa la escucha. Les huyo porque al tener fama de buen depósito de cuentos, me buscan. En un trabajo sobre García Bacca que acaba de publicar Papel Literario, Nilo Palenzuela tiene la sugerente afirmación “Comprender al otro, señaló Nicola Abbagnano, es traducir al propio pensamiento la experiencia en que se funde la vida propia y la ajena. Este horizonte interpretativo es llevado hasta el limite por Juan David García Bacca”. Quien advertía que el ser está a punto de desaparecer si no vuelve a conformarse en un sujeto de su deseo, un individuo, un ciudadano. Comenzamos a ser cuando nos apropiamos del idioma y nos dirigimos a otro. La conversación con un buen interlocutor acompañada por una copa de vino o un Negroni es apostar por la vida aunque terminemos derrotados.

 

@MarinaAyala10

 

Blog de Marina Ayala, Marinando Ideas: http://marinandoid.blogspot.com/

 

 

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