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Aniversario luctuoso: 48 años sin Felipe Pirela

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  • 5 julio, 2020
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Universo musical (Crónicas para el recuerdo) Héctor J. García

 

Eran, aproximadamente, las 12 del mediodía de aquel domingo 2 de julio de 1972 cuando el locutor de guardia de la emisora Radio Rumbos interrumpía el programa “Una hora con Sandro” para transmitir la ingrata noticia del asesinato del cantante Felipe Pirela: “Esta madrugada en la zona de Isla Verde, de San Juan de Puerto Rico, fue asesinado el bolerista venezolano Felipe Pirela”.

Quien esto escribe, fiel oyente de la programación musical de la emisora caraqueña, no daba crédito a lo que acababa de escuchar en ese momento. La remembranza viene a colación porque, precisamente, el pasado 2 de julio se cumplieron cuarenta y ocho (48) años de su desaparición física. Para ese momento Pirela, conocido como “El bolerista de América”, tenía tan solo 30 años y dentro de los dos meses -4 de septiembre (había nacido 04-09-1941)- cumpliría 31. Su partida inesperada causó gran conmoción entre los eternos seguidores del bolero, pues con su muerte el género romántico por excelencia perdía a uno de sus más genuinos exponentes a nivel de Hispanoamérica.

De Juanito Arteta y Los Peniques a la Billo’s

Uno escucha detenidamente los boleros que interpretaba Felipe como “El malquerido”,” Sombras” y “Pobre del pobre”, entre muchos otros, llega a la conclusión de que en él había un dejo de nostalgia al momento de cantarlos, una tristeza que le invadía cuerpo y alma cuando fraseaba la melodía. ¿Se podría pensar que llevaba una pena entre pecho y espalda por algún amor no correspondido? No. No para el momento de sus comienzos con la orquesta del maestro Juanito Arteta en su Maracaibo querido donde nació un 4 de septiembre de 1941, pues era un joven de 17 años que la vida comenzaba a sonreírle. Tal vez, en años posteriores y a raíz de su divorcio, la tragedia de su vida personal sí la reflejaría en sus canciones.

El debut con la agrupación de Arteta, luego de haberse iniciado en la radio zuliana, obedeció a sus magníficas condiciones muy a pesar de ser casi un aficionado y el maestro le dio la responsabilidad de interpretar un tema de su autoría titulado “Mi complejo”. Fue una carrera meteórica la de Felipe al punto de saltar, luego de su corta estadía con Arteta, a la agrupación “Los Peniques”, del argentino Jorge Beltrán, donde grabó los temas “No sufras corazón” y “Entre copa y copa”. El público comenzó a observar al novel cantante a través de sus apariciones en la radio, televisión y actuaciones personales tanto en Maracaibo como en Caracas. Era la antesala para llegar a la orquesta del maestro Billo.

El boom de Pirela

Luis María Frómeta Pereira, mejor conocido como Billo, estaba reorganizando su orquesta y le tenía puesto el ojo a Felipe por algunas recomendaciones de varios conocidos que lo habían observado a través de la televisión, concretamente, en el show de Víctor Saume. Es entonces cuando el afamado director lo contrata y el joven marabino debuta en los años 60.

Para finales de ese año salen a la venta dos long play de antología producidos por Billo: “Paula” y “Comunicando”, todo un suceso en la discografía nacional. El público conoció y disfrutó aún más de la calidad interpretativa de Pirela a través de los temas “Puerto Cabello”, de Italo Pizzolante; “Amor de mis amores” y “Solamente una vez”, de Agustín Lara, “Para que recordar”, de María Grever, y “Por la vuelta”, de la dupla Tinelli/Cadicamo, además de varios mosaicos a dúo con el guarachero Cheo García. De aquí en adelante fueron muchísimos los éxitos de Pirela con el maestro Billo. Permanece en la orquesta hasta el año 63.

Fama y tragedia de un ídolo

Al abandonar la agrupación del maestro Billo, se lanza como solista y vienen los viajes al exterior: México, Colombia, Puerto Rico, República Dominicana, Estados Unidos…  En suelo mexicano, bajo

el sello Velvet, inicia su carrera en solitario de la mano de grandes arreglistas y directores  como Memo Salamanca, Chucho Rodríguez, José Sabré Marroquín y Adolfo Salas, entre otros. Es aquí, precisamente, donde se le empieza a conocer como “El bolerista de América”.

Asimismo graba para el mismo sello discográfico con el director Porfi Jiménez en los arreglos. Fama y dinero van de la mano. En 1964 conoce en una fiesta a su futura esposa, una joven de 13 años de nombre Mariela (él tenía 23). Se casan y dos años después están en trámites de divorcio. Del matrimonio quedó una hija. Su separación se convierte en un escándalo que acapara los titulares de la prensa de farándula. Su figura es vilipendiada y se marcha del país.

No obstante, continúa su carrera. Se relaciona con músicos de la talla de Armando Manzanero, graba con él y pega varios temas, entre ellos, “Esta tarde vi llover”. Sigue grabando y el éxito no le es esquivo, pero a su Venezuela no puede regresar por la vía legal. Después de ciertos arreglos familiares vuelve al país. La situación del divorcio lo afectó mucho, no era para menos. Después de muchos “ires y venires” se radica en Puerto Rico, país que le sirve como plataforma para continuar su carrera hacia Nueva York, Chicago, Miami, y otras importantes plazas estadounidenses.

 

En la mañana del domingo 2 de julio de 1972 (10:30 am), y no en la madrugada como había señalado el locutor de Radio Rumbos, Pirela fallecía a consecuencia de un disparo propinado por su asesino por asuntos aún no aclarados muy a pesar del tiempo transcurrido. El autor del crimen, posteriormente, pagó condena por ello. Horas antes en el club El Molino Rojo, en Caguas, Pirela había culminado su actuación con “Sombras”, uno de sus primeros éxitos. Sus restos reposan en su Maracaibo natal. Hoy y siempre lo recordaremos.

@hectormusica52

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