Acuerdos entre minorías

29 de septiembre, 2019

Hace una semana se anunció un acuerdo muy particular, entre minorías nacionales, que se cocinaba en paralelo a las negociaciones que se llevaban a cabo en Oslo y Barbados, con participación de los representantes de la mayoría del país. En este acuerdo, el gobierno se compromete ¡unilateralmente! a algunas cosas, como la liberación de algunos presos políticos, cambios en el CNE y la reincorporación de los diputados del PSUV a la AN.

Más allá de la alharaca causada, el sólo anuncio indica varias cosas:

1) Las negociaciones formales, que incluyen a la oposición institucional mayoritaria, con soporte y respaldo internacional, es decir las únicas que pueden provocar cambios en la posición internacional de irreconocimiento y sanciones al gobierno de Maduro, fracasaron y quedan a la espera de un momento mejor en el futuro, cuando las partes tengan la necesidad inminente de regresar a ellas. Esas negociaciones formales no tienen nada que ver con este acuerdo minoritario y son incomparables en términos de impacto potencial.

2) El gobierno lanza esta noticia tan pronto Guaidó formaliza el fin de las negociaciones en Barbados, buscando minimizar ese fracaso y colocando en el debate nacional el tema de las elecciones parlamentarias, que evidentemente sustituye la solicitud real y necesaria de elección presidencial competitiva, que rescate los equilibrios políticos en el país.

3) El gobierno consolida su estrategia de fractura de la oposición, pues pone en guerra a algunos representantes y partidos minoritarios con la mayoría de la oposición institucional, que rechaza un acuerdo que considera ilegítimo e inadecuado.

4) El regreso de los diputados chavistas busca provocar un sismo dentro de esa institución, aunque a su vez legitima la institución, a los diputados opositores y al propio Guaidó como presidente de la AN.

Ninguno de los impactos de este acuerdo tiene oportunidad de rescatar legitimidad institucional, ni va a abrir la puerta a levantamiento de sanciones, ni recuperará confianza en los electores, ni unificará a la oposición camino a una elección competitiva, ni llevará al país a una elección presidencial que resuelva el conflicto político democráticamente. Con ese entorno, es fácil predecir que este acuerdo no cambie la tendencia explosiva de deterioro económico del país, amenazando sí el debilitamiento del liderazgo opositor.

Es inútil adjetivar los acuerdos políticos y los actores que los firman. Todos pueden tener elementos favorables e interesantes de analizar. Pero es inútil hacerlo desde las emociones de un país polarizado, basados más en los calificativos y acusaciones sin respaldo, que en factores concretos y análisis objetivo. La clave en un acuerdo político es su capacidad para resolver la crisis, rescatar legitimidad, desmontar sanciones, reinstitucionalizar al país, recuperar confianza, producir una elección presidencial competitiva y restablecer la democracia, desde su perspectiva electoral, de separación de poderes, de libertad de expresión y participación política y alternancia en el poder. Ninguno o muy poco de estos objetivos se logra con un acuerdo entre el gobierno y las minorías opositoras, sin ningún tipo de respaldo internacional, ni mecanismos que integren a la mayoría opositora, clave en el rescate de los equilibrios, ni al sector militar, fundamental en cualquier cambio estable a futuro. Entonces, no hace falta ni calificar, ni atacar, ni inventar argumentos basados en la teoría de la conspiración. Basta con un análisis técnico y objetivo para concluir que este acuerdo no va a resolver los problemas críticos del país ni rescatará los equilibrios perdidos. Sea éste o no el deseo de sus firmantes.

luisvleon@gmail.com

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