A 60 años de la OPEP (I)

14 de septiembre, 2020

“Se conformaba un ente que regularizara la producción y la oferta petroleras”

Origen y desafío. Un día como hoy se fundó la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en Bagdad, capital iraquí ubicada a orillas del río Tigris. Se trata de un organismo multilateral e intergubernamental conformado actualmente por 13 países miembros, productores y exportadores de petróleo: Arabia Saudita, Irán, Irak, Kuwait, Argelia, Nigeria, Libia, Emiratos Árabes Unidos, Angola, Congo, Gabón, Guinea Ecuatorial y Venezuela, que tuvo originalmente como sede a Ginebra (Suiza) y cinco años después se mudó para Viena (Austria) debido a que el gobierno suizo se negó a otorgarle inmunidad diplomática a sus funcionarios y la figura de la extraterritorialidad a su estructura física.

La OPEP fue fundada el 14 de septiembre de 1960 por iniciativa de los ministros petroleros de Venezuela, Juan Pablo Pérez Alfonzo, y de Arabia Saudita, el jeque Abdullah Al Tariki, y está constituida por países de diversas culturas, ubicación geográfica, regímenes políticos y religiones, y de diferentes capacidades de absorción en lo económico y en la conformación del Producto Interno Bruto (PIB), y también con diferentes niveles de distribución de las reservas petroleras y de su relación reservas-producción. Es decir, todo un mosaico de países agrupados bajo la causa común de una política petrolera de regulación de la producción, a los efectos de favorecer los precios del petróleo, que es lo mismo que los intereses de los países miembros.

No hay duda que para aquel entonces (1960) la fundación de la OPEP constituyó un desafío frontal al orden petrolero internacional establecido, donde la figura multipolar de la Organización quedaba enmarcada dentro de la búsqueda de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI). Prácticamente se trataba de un desafío e insubordinación contra el mundo desarrollado por parte de países hasta ahora incipientemente en vías de desarrollo o emergentes. Sin embargo, hay quienes hoy en día por razones de egoísmo y mezquindad política -debido a que fue durante el gobierno de Rómulo Betancourt y con su estímulo y anuencia que se creó la Organización- quieren minimizar el significado y peso de tal acontecimiento, afirmando que la creación de la OPEP no representaba ningún desafío ni amenaza por el hecho de que Kuwait (país fundador) era para aquel entonces un protectorado británico. Toda una falacia.

Más allá de estas y otras consideraciones, de lo que sí se puede estar seguro es que el nacimiento de la Organización no era precisamente para hacerle el juego a las transnacionales del petróleo, ni mucho menos para convertirse en un club que les celebrara las fiestas nacionales a los países desarrollados. Y esto lo tuvieron siempre presente tanto las “Siete Hermanas”, que mantuvieron hasta principios de la década de los ‘70 una hegemonía absoluta en el mercado mundial de los hidrocarburos, como también los países altamente consumidores de crudo. Quienes esto pretenden soslayar deberían recordar una lectura petrolera obligada y magistral, titulada “Venezuela Política y Petróleo” (R. Betancourt, 1956, Fondo de Cultura Económica de México, 1ª. edición), pues allí se puede leer las razones fundamentales que sentaron las bases para la fundación de la OPEP.

Precios petroleros

No obstante, cuando nació la OPEP, ésta pasó por innumerables dificultades y hasta se le pronosticó que tendría una corta y frágil existencia; y de hecho, fue después de cuatro años que las compañías petroleras transnacionales aceptaron sentarse en la mesa de negociaciones con los miembros de la OPEP; y fue solo después de once años cuando se logró el primer aumento de los precios del petróleo (Conferencia de Caracas, 1971). Los precios ya se venían manteniendo casi inalterados durante más de veinte años, cuando estuvieron oscilando alrededor de 2,25 dólares el barril. Se trataba de conformar un ente que en parte regularizara la producción y la oferta petroleras, a efectos de poder defender los precios sobre la base de un nivel justo y estable, y de esta forma contribuir al mantenimiento del equilibrio y la estabilidad del mercado petrolero.

Solo de esta manera se podía garantizar que los países asociados recibieran ingresos seguros y estables por su producción petrolera, para poder impulsar óptimamente el desarrollo económico de sus pueblos. Desde luego, que todo ello exigía de la OPEP disciplina, coordinación y unificación de las políticas petroleras de sus países miembros, para así resguardar sus intereses nacionales.

Una vez superadas las peores crisis mundiales del petróleo desde la existencia de la OPEP, como lo fue la Guerra de los Seis Días (1967); la Guerra del Yom Kippur (1973), conocida como el Primer “Shock” Petrolero; la revolución islámica iraní (1979), llamado el Segundo “Shock” Petrolero, y la Guerra Irán-Irak (1980), la Organización comenzó a consolidar su posicionamiento en el mercado petrolero, y desplazó, en buena parte, el rol regulador monopólico del mercado que venían severamente ejerciendo las compañías transnacionales. Sin embargo, va a ser la Guerra del Yom Kippur, la más intensa y destructiva de todas ellas, y la de consecuencias más trascendentales, la que va a provocar la mayor alza de los precios petroleros, jamás vista en la historia de los hidrocarburos, los cuales alcanzaron un incremento que superó el 600 %, con un precio promedio anual de 13,95 dólares por barril (US$/B).

Recortes de producción

Es a partir de la década de los ‘80, caracterizada por fluctuaciones en los precios del petróleo, cuando la OPEP va a participar en la conformación de las variables del entorno del mercado petrolero. En efecto, desde 1982 la Organización adoptó como política el regular la producción de crudos que este organismo aporta a la oferta petrolera, a través de la adopción de recortes de producción (llamados “techos” o “cuotas”) que se fijan a sus miembros, tomando como parámetros de referencia la cantidad de reservas, capacidad de producción y población de cada país.

Esta política condujo a profundas dificultades para superar la pérdida de participación de la Organización en el mercado, la penetración de la producción NO-Opep en los espacios dejados en la oferta petrolera por la Organización y ciertos problemas para enfrentar la merma sustancial del ingreso fiscal. Merma que es compensada con creces una vez que se recuperarán los precios. Se trata de una política de precios que exige un “sacrificio” fiscal momentáneo, para luego obtener mayores beneficios en ingresos públicos. La OPEP ha entendido que, para ella, el problema del mercado petrolero no es un problema de producción, es un problema de precios.


Rafael Quiroz es Economista-Petrolero. Profesor de pre y posgrado de la UCV/FaCES. Jefe de la Cátedra Petrolera de Econ. y Política Petroleras

@rafaelquiroz1 

 

La patilla.

 

 

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