¿Cómo nos dividimos?

28 de julio de 2019

Hay muchas formas para clasificar y lo relevante es escoger la “línea” de la que quieres partir. Yo la trazaría en nuestra reacción frente a la crisis, terrible y demoledora que vivimos.

Regresando a Caracas me entretuve leyendo un libro que me recomendó Cristina Aguilera en México: La hija de la española, de Karina Sainz Borgo.

No pretendo analizar el libro. Sólo diré que es excelente, aunque no puedo decir que lo disfruté, porque mete el dedo en mis llagas, como venezolano. Cuando iba por la página cuarenta y nueve conseguí una afirmación tan provocadora que me hizo dejarlo de lado por un rato y escribir algo que no quería enfriar en la nevera del tiempo.
“Los hijos de la Revolución consiguieron llegar lo suficientemente lejos. Nos separaron a ambos lados de una línea. El que tiene y el que no. El que se va y el que se queda. El de fiar y el sospechoso. Levantaron el reproche como una más de las divisiones que han creado en una sociedad que ya las poseía. Yo no vivía bien, pero si de algo estaba segura era de que siempre podría estar peor. No habitar el renglón del moribundo me condenaba a callar por decoro”.
Ricardo Aguilera, el hermano menor de Cristina, es una de las personas más inteligente que conozco. Aprendió a leer y escribir él sólo, a los cuatro años, viendo las letras que Isabel y Juan Ernesto, sus padres, pegaban en la nevera. Nuestra última conversación larga fue en el cuarto de Juan Diego Aguilera, mi ahijado, hermano mayor de Ricardo y adoptado de los morochos, una tarde en Chapel Hill, regresando de su acto de grado. No recuerdo por donde comenzó, pero no importa porque desde cualquier punto Ricky analiza las opciones racionales y baja por ellas para construir un árbol tan grande que deja al Samán de Güere como germen de caraota. Y entonces, al leer este párrafo, no puede evitar pensar: ¿Qué diría Ricardo sobre ella? Y decidí contestarle una pregunta imaginaria: ¿así se dividen los venezolanos?.
Como sabes, hay muchas formas para clasificar y lo relevante es escoger la “línea” de la que quieres partir. Yo la trazaría en nuestra reacción frente a la crisis, terrible y demoledora que vivimos. Así nos dividimos entre quienes se van y quienes se quedan. Los que se van, a su vez, se subdividen entre quienes respetan las decisiones de los demás y quienes necesitan justificar su marcha (voluntaria o perversamente obligada), convenciéndose y tratando de convencer a los demás, que quienes se queden son imbéciles, enchufados o gente sin ninguna otra opción. También podríamos dividir los exiliados entre quienes creen que ya no hay nada más que hacer dentro de Venezuela para resolver el problema y dedican su esfuerzo a promover que venga alguien de afuera a resolverlo (ojo, no me refiero a ayudar, sino a resolver unilateralmente por la fuerza, que en su tesis es la única manera) y quienes en cambio ayudan y protegen a los de adentro, porque piensan que en ellos estará la verdadera solución del problema. Aquí sólo estoy describiendo, no juzgo a nadie, pues todos tienen sus razones.
Los que se quedan, a su vez, se subdividen entre quienes se hacen dependientes del gobierno, porque algo les da, a ellos que no tienen nada (CLAP’s, bonos); los que se dedican a sobrevivir por su cuenta, apáticos a la política, porque se niegan a irse y perder lo que han construido en el tiempo y, finalmente, los que luchan para producir el cambio desde adentro, con muchos menos recursos e infinitos más riesgos y sometidos directamente a los embates de la crisis y la persecución revolucionaria, por un lado, y la amplificación de sus problemas, debido a las sanciones y el aislamiento, por el otro.
Ya se Ricky, que podríamos estar aquí haciendo crecer este árbol “at infinitum” pero mi avión está a punto de aterrizar y me quedo, como siempre, demasiado corto para ti. Saludos a Google, donde se que estas haciendo tu pasantía. No imagino ningún lugar mejor para ti.
luisvleon@gmail.com
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